Una de las expresiones estrella entre las madres es «mi hijo se porta mal». Hoy, desmonto esta frase y te voy a proponer una mirada distinta al comportamiento de tu hijo, que os ayude mucho más a mantener la conexión y el respeto mutuo. Escucha el episodio de hoy ahora.

Recuerdo a la madre de un niño que vino a terapia y en la primera sesión me dice: El otro día mi hijo me levantó la mano para pegarme porque estaba muy enfadado y yo me enfadé tanto que le castigué sin fiesta de cumpleaños. ¿Te parece que me ha pasado un poco? Es que se portó muy mal. Le respondí: Tu hijo no se portó mal. Ella se quedó mirándome con la boca abierta. ¿Cómo que no se portó mal?

No conozco a ninguna madre que no use en algún momento o muy a menudo incluso la expresión portarse bien, portarse mal, a veces incluso una versión más tóxica: eres bueno/o eres malo.

Lo que hoy me gustaría mucho que valores es que tus hijos no se portan mal. Vamos a mirar el comportamiento de los niños desde una perspectiva distinta, que es la de satisfacer una necesidad. Imagina un bebé que empieza a abrir todos los cajones de la habitación y a sacar la ropa. Está explorando, igual que el bebé que tira cosas al suelo. Por muy molestos que a su madre le resulten esos comportamientos, forman parte del desarrollo sano y esperable de un bebé, de satisfacer su necesidad de exploración, de curiosidad. Si la madre de ese bebé entiende esa necesidad y la acoge, intentará satisfacerla de maneras que tal vez a ella le molesten menos. Por ejemplo, si no le apetece tener que recoger toda la ropa después, le dará una cesta llena de cositas que puede sacar y meter. Es decir, adaptará el entorno para satisfacer las necesidades de su hijo. Con los bebés en especial es imprescindible adaptar el entorno para evitar disgustos y, a la vez, satisfacer la necesidad del bebé de explorar y descubrir.

Estoy segura de que estás de acuerdo conmigo en este ejemplo porque se trata de un bebé, y por algún motivo, siempre tengo la sensación de que a las madres les cuesta menos mostrar empatía hacia un bebé que hacia sus hijos mayores, que les resulta más fácil entender las necesidades de un bebé que las de un niño mayor. Pero todas las personas tenemos necesidades, y todas las personas buscamos satisfacerlas, y nuestro comportamiento en cada momento viene determinado por un intento de satisfacer esa necesidad concreta, ya tengamos 1 año o 50.

Me imagino que te vienen ahora a la cabeza multitud de comportamientos de tu hijo, ya sea hacia ti u otras personas, que consideras inaceptables, que crees que deben ser corregidos. Por ejemplo, tu hijo pega a su hermano, o se niega a hacer algo que le has pedido, te desafía, o te llaman del cole para comentarte que se ha peleado con un compañero, o ha contestado al profesor, o si es un adolescente, que se ha saltado varias clases. ¡Multitud de cosas! Sea lo que sea, nos preguntamos esto. ¿Qué necesidad está intentando satisfacer mi hijo, o qué necesidad no está pudiendo satisfacer? ¿Y es algo que puedo darle yo, o es algo que tiene que darse él? No, tu hijo no se está portando mal, en todo caso su comportamiento ahora mismo te resulta inaceptable, eso sí. Es posible que debas ponerle un límite, por ejemplo si está agrediendo a alguien, o intentando dañar algún bien material. Pero siempre está intentando satisfacer una necesidad. Es un cambio de perspectiva muy potente, porque puede evitar que reacciones de formas que después lamentes, por ejemplo, castigando o gritando. Repito, tu hijo no se porta mal, ni te quiere manipular, ni quiere fastidiarte. Ni, por supuesto, es malo. Esa afirmación repetida con frecuencia puede tener un impacto negativo profundo en el niño y convertirse en una profecía autocumplida: si mis padres me dicen que soy malo, debe de ser cierto. Seré malo.

¿Puedes ver de qué modo cambiaría tu reacción si en lugar de pensar que tu hijo está provocándote o se porta mal piensas que está intentando satisfacer una necesidad? Tal vez no tengas ni idea de qué necesidad puede ser, para eso te dejo en el espacio de recursos una lista de necesidades (no exhaustiva) que puedes imprimirte y colgar de la nevera a modo de referencia. La forma en que interpretes y respondas al comportamiento de tu hijo determinará la calidad de vuestra relación.

Lo que el niño necesita cuando se encuentra en un estado de desregulación emocional que desemboca en un comportamiento no aceptable es, ante todo, un adulto que dé espacio a la expresión de sus emociones para que él pueda volver a un estado de regulación emocional. Necesita alguien que le escuche y entienda la intensidad de sus emociones, aunque esas emociones no tengan mucho sentido para la adulta a un nivel racional. Por tu parte, tú necesitas callarte, respirar y ayudar a tu hijo a darle expresión. Si es muy intensa, el movimiento físico puede ser una solución interesante (saltar, bailar, golpear una almohada…). Cualquier tipo de intervención intelectual en forma de charla viene mucho después.

Pero, uno de los problemas más comunes es la dificultad de las madres para no dejarse arrastrar por las emociones que les provoca el comportamiento no aceptable del niño. Suele generarles rabia, frustración, impotencia, emociones que gran parte del tiempo podemos conectan con rabia antigua de nuestra infancia o adolescencia. Parte del trabajo de las madres que apuestan por una educación respetuosa pasa por hacer ese rastreo. En el curso Como lograr que tus hijos te han caso sin perder los nervios en 30 días te enseño a hacerlo. Te dejo el link a la página del curso en el apartado de recursos abajo.

Ahora, en los comentarios, cuéntame un momento reciente en que pensases que tu hijo se portó mal, intenta ver qué necesidad tenía tu hijo en ese momento y cómo podrías haberla respetado al tiempo que respetabas también la tuya. Recuerda, para que las cosas cambien en tu casa, tú debes cambiar algo.

Te envío un cálido abrazo y hasta la próxima.

 

 

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