En el extremo de una línea recta encontramos a la mamá permisiva; en el otro, a la mamá autoritaria. La mamá permisiva oye la palabra límite y se le ponen los pelos de punta. A su cabeza acuden imágenes de rabietas, pataletas, enfados, gritos. Tal vez piense que su hijo va a quererla menos, o que incluso va a dejar de quererla. Intenta convencer a su hijo de que acepte su límite, pero si el hijo se resiste, acaba cediendo. La mamá autoritaria comunica a su hijo el límite que ha decidido imponer y espera que lo acepte, tal vez haciendo un “conato de intento” de convencerlo. Pero si el hijo se rebela, impone el límite por decreto ley. Si intentamos movernos un poco más al centro de esa misma línea recta, nos encontramos con la mamá democrática, aquella que todas deberíamos aspirar a ser. Esa mamá establece límites, por supuesto. La clave está en cómo los pone. Hoy te lo enseño.

¿Mi hijo necesita límites?

Creo que a estas alturas nadie, o casi nadie, pone en duda la necesidad de límites. Los niños sin límites no consiguen desarrollar la tolerancia a la frustración. Son niños desconsiderados, que creen que sus necesidades son más importantes que las de los demás, niños con dificultades para relacionarse con sus compañeros. Los límites dan seguridad y estructura. Cuando le pones un límite a tu hijo, le estás protegiendo. Le estás demostrando tu preocupación por su bienestar. La cuestión no es si debes o no poner límites, sino cómo los pones.

¿Qué límites pongo?

Los límites más importantes son los que:

1) Protegen al niño del daño físico. Por ejemplo, tu hijo pequeño no puede jugar con un cuchillo jamonero imaginando que está practicando esgrima. Estos límites son innegociables, por supuesto.

2) Protegen al niño del daño psicológico. Por ejemplo, ayudas a tu hijo a expresar su enfado con palabras en lugar de pegando o diciendo palabrotas.

3) Protegen los bienes materiales. Por ejemplo, le enseñas a tu hijo a usar el DVD para evitar que te lo destroce.

Otro punto esencial es tener en cuenta la edad de tu hijo a la hora de establecer límites. Así, no es razonable pedirle a un niño de 2 años que tenga su cuarto limpio, o que se esté quieto en la mesa de un restaurante mientras tú haces la sobremesa tan ricamente. Si le pones a tu hijo un límite poco razonable, es muy probable que acabe perdiéndote el respeto porque se da cuenta de la injusticia que has cometido con él.

¿Cómo pongo límites?

  • De forma clara y sencilla. Tu hijo necesita información entendible sobre su comportamiento. Si en un momento dado tu hijo se comporta de forma inaceptable para ti, le dices exactamente qué te molesta. “Me molesta/frustra/enfada cuando tú no quieres vestirte para ir al cole porque vamos a llegar tarde”. En principio, los niños son colaboradores y tu hijo hará cambios para convertir lo inaceptable en aceptable. Si sigue habiendo conflicto, tendrás que recurrir a la resolución de problemas.
  • Cambiando el “No” + imperativo por una frase en positivo. Por ejemplo: “Pinta en el papel, no en la pared”, en lugar de “No pintes en la pared”.
  • Con consistencia. Tu hijo respetará más tus límites si muestras consistencia. No puede ser que un día le riñas porque ha pegado a otro niño, otro día no le digas absolutamente nada, y al siguiente le digas que pegue siempre él primero. Esto da lugar a inseguridad y caos interno. Sin embargo, quiero recalcar que los límites tampoco tienen que ser inflexibles, imperecederos. Los límites se pueden cambiar si las circunstancias cambian. Sobre todo cambian a medida que cambia la edad de tu hijo, por supuesto. Ante todo flexibilidad, que no estamos en el ejército.
  • Haciendo a tu hijo partícipe del proceso. Demuestras confianza en tu hijo si hablas con él de los problemas y le animas a que sugiera límites a su comportamiento. Por ejemplo: ¿A qué hora se tiene que ir tu hijo de 7 años a la cama? Puedes discutirlo con él y decidir juntos. Por ejemplo, a la hora X durante la semana y a la hora Z los fines de semana. De este modo los dos ganáis, ninguno perdéis.
  • Con empatía. Es decir, entendiendo que es muy posible que tu hijo, sobre todo si es muy pequeño, tenga una rabieta cuando le pones un límite razonable. Esto es normal. Pero tú aceptas su enfado y le quieres a pesar de ello. Cuanto más le escuches con empatía, menos rabietas tendrá cuando se encuentre con un límite. Entiendes, te pones en su piel, de por qué quiere lo que quiere y lo quiere ahora, aunque tú no le permitas tenerlo. “Quieres seguir jugando, y es hora de irse a dormir”. “Quieres comer más caramelos, y ya has llegado al límite que hemos pactado”. “Quieres el juguete de tu hermano, y él lo está usando ahora”. Así tu hijo aprende que no siempre puede tener lo que desea, pero a cambio sí tiene el apoyo incondicional de su madre, algo que contribuye de forma determinante a que tu hijo construya una sana autoestima.

La prueba del algodón

Hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Es este límite verdaderamente importante?
  • ¿Es razonable?
  • ¿Es lo bastante claro para que mi hijo lo entienda?
  • ¿Le dice lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer?
  • ¿Lo aplico de forma consistente?
  • ¿Animo a mi hijo a que establezca sus propios límites?

O sea que…

Limita los límites que le impones a tu hijo, pero sé consistente con aquellos que elijas aplicar. Preocúpate de crear una excelente comunicación con tu hijo, escúchalo con empatía y el resto del camino será mil veces más fácil.

Ahora te toca a ti. ¿Qué dificultades te estás encontrando con los límites? ¿Cómo las has solucionado? ¿Te ha servido este artículo? ¿Qué vas a cambiar a partir de hoy?

Un cálido abrazo y hasta la semana que viene.

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10 Comentarios

  • Edith dice:

    Como comentario adicional, trato de poner límites hablando con mi niña, muchas veces me pide las cosas llorando y le digo que no tiene que llorar, se las doy en su manita y me da las gracias, quisiera ser más negociadora , también que entienda las consecuencias de nuestros actos.

  • Edith dice:

    Hola, mi niña de 2 años 7 meses desde pequeña ha estado en una guardería porque trabajo todo el día, cuando estamos en la casa pregunta si los juguetes son suyos, yo le contesto que sí y todo lo que está a su alrededor, cuando la visitan sus primitas más pequeñas me he dado cuenta que no muy fácilmente comparte sus juguetes, le pido que los preste porque son sus primitas y después de un rato los suelta para dárselos (sin forzarla ni estarle insistiendo). Hace algunos meses su abuelita (paterna) va por ella más temprano a la guardería y cambio radicalmente su comportamiento, se volvió desobediente, caprichosa, incluso grosera, he tenido que hablarle fuerte cuando hace algo que no está bien (como escupir), nunca me ha gustado regañarla, ya habla perfectamente e imita todo, sé que al no estar presente le piden que repita muchos ademanes que no puedo evitar que haga, así que he decidido que regrese de tiempo completo a la escuela y yo estar más al pendiente de ella, también por seguridad. Sé que estoy haciendo lo correcto.

  • Mayca dice:

    Me gusta tu blog. Gracias por compartir tus conocimientos como profesional y madre, y por tus consejos. Te dejo un premio en mi blog El gris de los colores. http://elgrisdeloscolores.wordpress.com/2013/03/01/premio-best-blog/
    Un abrazo
    Mayca

  • Aitana dice:

    Yo considero los límites necesarios y por ahora no he tenido necesidad de ser democrática, pero sí aspiramos a ser una familia democrática. Lo que me choca es la falta de límites en otras madres. Ejemplo: Hace unos días jugábamos en la calle. Se nos acercó otra madre con su hija de casi la misma edad que Inés (22 meses). Cuando Inés no quiso compartir la moto con la niña nueva y empezó a llorar, la sentó en mi regazo y le expliquó que compartir era divertido, que había que compartir. Inés seguía llorando y yo seguí con la cantinela. La otra madre me dijo que no siguiese torturando a mi hija, que daba igual que no compartiera. Ojiplática me quedé.
    Sé que a lo mejor Inés aún no lo comprende, pero yo no dejo pasar una oportunidad de poner en práctica los trucos que nos enseñas.
    Luego una compañera me explicó que es una madre del primer tipo. No límites. Que no me preocupase.

    • Olga Marín dice:

      Hola Aitana,
      te agradezco que saques a colación el tema del compartir, casi que para responderte voy a escribir un post la semana que viene, pero sí es cierto que los niños a cierta edad ni saben, ni quieren, ni pueden compartir, y no tiene sentido intentar que lo hagan, todo tiene su proceso. Pero, como digo, te lo explico mejor en el siguiente post, ¡gracias por la idea!
      Un fuerte abrazo.

  • Elena dice:

    Hola Olga,

    Qué curioso que hables de límites hoy. Justo hace dos días discutí fuerte con mi madre sobre esto. Ella decía que no sabía marcar firmemente los límites a mi hijo de 2 y medio. Y sentenciaba que iba a ser de esos niños que iban a hacer su santa voluntad, que pegaría a sus padres y demás apocalípticas acusaciones. Cabe decir que mi madre, de 63, nos educó con la pedagogía de la época. Y a mi hermano y a mí nos pegaba con una pala de madera (la «palita de la obediencia») día sí y día también. Con todo, he de decir que no siento haber sido una niña maltratada. Al contrario, creo que fuimos hijos muy queridos, sólo que en casa quedaba claro quién mandaba.
    Yo he decidido tomar otro camino: el diálogo, la negociación y mucha, mucha paciencia. Y creo que funciona. Es un niño bastante obediente y le enseño a razonar… pero que no se salva de probar hasta donde puede tirar de la cuerda. Entiendo que es lo que toca. Sin embargo, tengo como mantra jamás soltar una amenaza que no cumpliré («si no haces X nos vamos ya a casa»… cuantas veces lo he oído esto) y cumplir las que he soltado, así llore, se arrastre o me diga que soy «mala».
    Estoy siguiendo el curso «Mamá casi diez» pero voy despacio (casi demasiado) porque no quiero pasar por alto nada. Por ahora me he pegado en la nevera una hoja A3 con la lista de los 12 errores de comunicación. Es difícil no caer, pero estamos en ello.
    ¡Gracias por tus sabias palabras!

    • Olga Marín dice:

      Gracias a ti por la confianza, espero que el curso te esté aportando mucho. Envía los ejercicios cuando te apetezca. ¡Ya me contarás!
      Un abrazo.

  • Hola olga! Está claro que hoy por hoy la mayor parte de las personas que educan a sus hijos ya sea en el colegio, o en casa, reconocen la necesidad de mantener límites en ciertas circunstancias. Por mi parte, me he llegado a sorprender, como muchas veces los límites cuando han sido razonbles, comprensibles y sobre todo los niños han podido entender…ha sido para ellos más bien un regalo. En alguna situación de rabieta profunda, con tintes de crisis existencial en un pequeño cuerpo de dos años…he aprendido que a pesar de sentir que el tiempo es eterno, el conflicto es más grande y pesado que tú, y que parece que esa situación no tenga un final..Una vez vivido, manteniéndote en la confianza de que es lo mejor para él…el niño lo agradece.
    Por cierto… Me encantó el diálogo con tu hijo en el bar.
    El otro día yo estaba dando una clase de danza creativa a unos niñ@s de tres años. Una de ellas me preguntó por qué las luces de la sala estaban apagadas:
    – Porque hay ventanas y entra la luz natural-. Le respondí yo
    – Pues yo tomo yogures naturales.- sentenció ella.
    Me reí un montón y le di las gracias por su comentario…¡Añadió más alegría al día!
    ¡¡Hasta pronto!!

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