La principal queja de las madres con las que trabajo en consulta individual o a través de los cursos de la Escuela Mama Om es que tienen que repetir las cosas 20 veces para que sus hijos las escuchen, les hagan caso. Acabas enfadada y estallas pegando un grito, amenazando o quizás incluso castigando. Sigue escuchando el epiosdio de hoy, o lee la transcripción abajo.

Primero, cuando una madre dice “mi hijo no me escucha” o “mi hijo no me hace caso” lo que quiere decir es “mi hijo no me obedece”. Y me interesa detenerme un momento en esta frase. ¿Puedes pensar honestamente si este es tu caso? Si cuando tú dices, “mi hijo no me hace caso hasta que levanto el tono de voz”, ¿lo que quieres decir es “mi hijo no me obedece cuando yo quiero”? Yo creo que esta es una expectativa muy común entre las madres, es la expectativa muy poco realista de “mi hijo tiene que obedecerme siempre”. Y, si en lugar, de esperar que tu hijo te obedezca siempre puedes crearte una expectativa nueva más realista, ¿cuál podría ser? En lugar de darte la respuesta, te pido que tú me digas tu expectativa realista en los comentarios de abajo cuando termines de escuchar este episodio.

¿Significa eso que tu hijo no tiene que hacer ninguna de las tareas que tiene asignadas si no le da la gana? ¿Que puede irse a dormir o vestirse cuando quiera? No, claro. Todas las familias tenemos rutinas que hay que cumplir. Lo único que digo es que si tomas consciencia de lo poco realista que es tu expectativa de que tu hijo te obedezca siempre, quizá puedas abrir un espacio a la empatía y la conexión, tan necesaria para que tu hijo esté abierto a escucharte y a cooperar cuando le pidas que haga algo.

Eso por una parte. Además, podemos mirar otras cosas de tipo práctico, como por ejemplo, ¿cómo le pides que haga lo que sea? ¿Gritando desde otra habitación?

«Fulanitooo, pon la mesa que vamos a cenaaaar,»mientras estás en la cocina acabando de preparar la cena y tu hijo está concentrado jugando en su cuarto.

Es muy fácil caer en esto, a mí me pasa continuamente. Vamos estresadas porque se nos echa el tiempo encima y aún tenemos muchas cosas que hacer si es por la noche, o el niño tiene que entrar en el cole porque si no el portero le cierra la puerta, o tú tienes que llegar al trabajo a cierta hora, como es natural. El estrés de la vida cotidiana no ayuda demasiado, la verdad. Intentas hacer varias cosas al mismo tiempo. En cambio, sería mucho más eficaz que salieras de la cocina, fueras al cuarto donde tu hijo está jugando, te pusieras en frente para garantizarte su atención, y le dijeras: «Fulanito, necesito que pongas la mesa porque vamos a cenar ahora.» Y te esperas hasta que se levanta. Si estás pensando: «¡Buf!, eso requiere demasiado tiempo…» Yo creo que no, que más tiempo requiere gritar desde otra habitación, ver que tu hijo no se mueve, repetirlo 20 veces y acabar peleados. Además del desgaste y la desconexión entre vosotros.

Por otra parte, siempre debemos tener en cuenta cómo funcionan los niños. Los niños son niños, ¿no? Podemos esperar que estén concentrados haciendo algo y cuando vamos a pedirles que hagan algo que para ellos es muy aburrido, haya cierta resistencia.  No es que tu hijo quiera fastidiarte o ponerte al límite o sacarte de tus casillas a propósito, sino que lo que le propones (poner la mesa, recoger, lavarse los dientes…) no tiene ningún interés para él. Por lo tanto, si te tomas la situación como algo personal, seguro que vas a estallar. En lugar de eso, mira a tu hijo cómo está viviendo totalmente el presente, y empatiza con el hecho de que tú vas a chafarle la guitarra con tu petición.

El problema de entrar muchas veces en luchas de poder en estas situaciones es que tu hijo cada vez te escuchará menos porque le importará menos lo que tú quieras.

Así que vete adonde está tu hijo, ponte al nivel de sus ojos, asegúrate de que te está mirando antes de empezar a hablar, y hazle la petición de forma directa y breve, pero amable.

Otro aspecto sobre el que te invito a reflexionar es si tú sabes escuchar. Antes de que me respondas que sí, piensa bien. Cuando tu hijo viene a hablarte, ¿le prestas tu atención? Por ejemplo, no tienes el móvil delante y estás mirándolo mientras te habla. Le miras a los ojos cuando te está contando algo importante para él. Le escuchas en silencio sin intervenir ni cortar su discurso. Evitas darle consejos que no te ha pedido. La habilidad de la escucha activa no es pan comido, todo el mundo cree que sabe escuchar y no es del todo cierto. Hay que practicar. Esto lo saben bien las alumnas de mi formación CER (Coach en educación respetuosa).

Más cosas. Si te paras a pensar, ¿cuántas órdenes le das a tu hijo al día? Yo creo que los niños están hasta las narices de recibir órdenes. Primero en casa desde que se levantan, pero luego también en el cole durante 6 horas seguidas. Y luego de nuevo en casa. Si te grabaras durante un día entero o anotaras en un papel la cantidad de órdenes que les das a tus hijos, seguramente te horrorizarías. Hay cosas que hay que hacer, ya lo hemos dicho antes, pero también podemos compensar con interacciones lúdicas en las que nos dediquemos a conectar con nuestros hijos. Yo voy repitiendo mucho las palabras conexión y desconexión, y espero que el mensaje cale. Porque de verdad que conectar con tus hijos es la clave para que tus hijos cooperen contigo. Si la mayor parte de interacciones con tus hijos son órdenes, ¿te extraña que no te escuchen? Nosotras haríamos lo mismo, ¿no?

Y, por último, pero no menos importante, un aspecto que requiere de más reflexión que los anteriores, pero que no cuesta lo que te imaginas es echar una mirada a tu infancia. Si cuando tus hijos no te escuchan ni te hacen caso tu reacción es mucho más intensa de lo que la situación se merece, por así decirlo, puedes apostar a que se han activado aspectos de tu propia infancia, momentos en los que no te sentiste escuchada o respetada y tus hijos hacen de disparador. Ese elemento es uno de los 3 que aprendemos en el curso Método O.C.A. La O es la de observación, que tiene que ver con examinar aquellos aspectos de tu Niña Interior que tus hijos están reactivando. Aprovecho para decirte que es el curso que está abierto este mes de febrero.

Para acabar, no te olvides de decirme en los comentarios de abajo con que expectativa realista vas a sustituir tu expectativa poco realista de: mi hijo tiene que obedecerme siempre. ¿Cómo la vas a formular?

Y como siempre, recuerda que para que las cosas cambien, tú tienes que cambiar algo.

Te envío un cálido abrazo y nos vemos en el próximo episodio.

 

CURSOS ABIERTOS ESTE MES

Método O.C.A. (Cómo lograr que tus hijos te hagan caso sin perder los nervios)

 

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