Una de las quejas más frecuentes entre las madres que me consultan de forma individual para aprender a gestionar las peleas entre los hermanos es que se ven envueltas en las peleas casi sin quererlo ni beberlo, y muchas veces también se ven a sí mismas tomando partido por uno u otro hijo, con frecuencia por el que sienten más vulnerable, que puede o no ser el hermano menor.

¿Cómo puedes evitar posicionarte por uno u otro, lo cual generará más rabia en el que se siente agraviado, perpetuando así el ciclo de disputas? Sigue escuchando en el podcast de hoy, o lee la transcripción abajo.

Lo primero que necesito decirte para que tengas presente es que cada uno de tus hijos se esforzará bastante para que tomes partido por su causa particular, porque tú representas la autoridad y así tendrá una sensación de poder si sabe que tú estás de su lado. Por eso, si preguntas qué ha pasado o por qué se están peleando, cada uno se esforzará al máximo por “venderte” su película, por así decirlo. ¿Qué quiero decir exactamente? Un ejemplo. Tus hijos se están peleando desde su cuarto, tú vas para allá para intentar mediar en el conflicto y uno empieza a decirte:

«Fulanito me ha empujado». Entonces el otro puede decirte: “Es un mentiroso. Yo no le he empujado. Pero él ha entrado y me ha insultado sin venir a cuento». Y el otro puede decir: «Eso es mentira, yo no te he insultado. Mamá, es que él…» etc.

Esto puede seguir escalando y generando muchísima frustración entre los hermanos, lo cual por supuesto no conduce a que en el futuro se lleven mejor, sino peor. Ahí es donde tú te ves atrapada entre dos aguas, a veces sin saber qué hacer ni cómo gestionar esa situación, o a veces lo que haces no es eficaz ni trabaja a favor de la buena relación entre los hermanos, sobre todo si como he dicho antes tomas partido por uno. Entonces estás perdida. Esto es justo lo que quiero que evites.

Muy bien, entonces, ¿qué hacemos? Pues lo que hacemos es invitarles a que se escuchen. Bueno, más que invitarles, digamos que directamente les obligas a que se escuchen el uno al otro. Que empaticen con el otro, es decir, que se pongan en su piel.

Y esto que suena tan bonito e ideal, ¿cómo lo haces?

Hay un estudio que afirma que una de las maneras más eficaces de gestionar los conflictos entre los hijos es hablar con cada uno de forma individual. Aquí una nota de cuidado. Parece también que tienes un 70% más de probabilidades de creer al hijo con el que hablas en primer lugar, así que ten este dato muy en cuenta para cuando hables con el segundo. Cada vez que haya una pelea, cambia el orden de quién empieza primero a hablar contigo por razones obvias.

Empecemos. Tus hijos se han peleado, vas a adonde están y dices en primer lugar: «Voy a hablar con cada uno de vosotros por separado. Seguro que cada uno tenéis una perspectiva diferente, sentís cosas diferentes y pensáis cosas diferentes. Está bien porque cada persona es diferente. Me interesa lo que ha sentido cada uno de vosotros.»

Entonces te vas a otra habitación y escuchas a cada uno por separado. Otra cosa que necesito apuntar ahora es que el hijo que se queda esperando no puede estar interrumpiendo o gritando o lo que sea desde donde esté, intentando boicotear tu conversación con su hermano. Hay que acordar que durante el rato que estás con cada uno de ellos por separado, el otro tendrá que esperar.

Una vez que has escuchado a cada uno, os reunís de nuevo todos y les devuelves lo que has escuchado de este modo. Primero, les dices aquellas cosas en las que han coincidido en su relato. Luego, las cosas en que difieren. Después de eso, le pide a cada uno por turnos que diga UNA cosa de la que se responsabiliza en la pelea y también que haga UNA petición al otro hermano.

Una vez que has escuchado lo que cada uno ha dicho, les preguntas si están preparados para seguir jugando juntos o prefieren hacer algo cada uno por separado.

Después, es interesante que te quedas por ahí revoloteando por si ocurre una nueva pelea. En el estudio que te comenté antes se ha visto que si les pierdes de vista demasiado rápido después del proceso que te he comentado, si ocurre una pelea de nuevo puede escalar con mucha rapidez, y te encontrarás en la casilla número 1 de nuevo.

Imaginemos que en efecto alguno vuelve a engancharse. Entonces le puedes decir: «Fulanito, antes me ha parecido que lo gestionabas bien y veo que aún no estás preparado para seguir jugando con tu hermano». Esto no es un castigo, ni hace falta que lo digas enfadada. Sencillamente, el niño aún no está en disposición de seguir jugando con su hermano en ese momento.

Otra cosa importante es que cuando escuches a cada uno de tus hijos, es posible que te des cuenta de que uno de ellos está sintiendo la necesidad de mentir y distorsionar lo que sucedió. No lo sabes porque lo hayas visto, sino porque es obvio para ti que no está diciendo la verdad, porque lo está exagerando mucho o lo que sea. No se lo digas, no lo juzgues. Si tu hijo se siente escuchado sin ser juzgado, la próxima vez no sentirá la necesidad de contarte una mentira. En cambio, si le confrontas, se pondrá a la defensiva y defenderá su mentira hasta el final. Limítate a escucharle, no hace falta que estés de acuerdo con lo que dice ni que te tomes su mentira como algo personal, porque no es personal.

¿Cuál es el aprendizaje para tus hijos de que tú les enseñes a gestionar sus conflictos de esta manera? Que aprendan a tener en cuenta la perspectiva de la otra persona, que tomen conciencia de que cada persona vive las cosas de modo distinto, y que eso está bien porque cada persona es diferente, y piensa y siente diferente ante una misma situación. Este es un elemento clave de la inteligencia emocional. También de este modo, toda la familia aprenderá que una situación de conflicto puede resultar en una experiencia de aprendizaje positiva, y así dejaremos de vivir el conflicto como algo intrínsecamente negativo, y le habremos dado la vuelta a la tortilla para verlo como algo tal vez incómodo, pero básicamente como una oportunidad de crecimiento personal para todos.

Y, de paso, tú dejarás se sentirte sobrepasada por las peleas y dejarás de tomar partido por uno de tus hijos, algo que solo genera más y más rabia y más y más conflictos.

Así que si antes nada te funcionó a la hora de gestionar las peleas entre tus hijos, te animo a que pruebes la estrategia que te doy hoy y luego me cuentes cómo te ha ido. Yo solo tengo un hijo y no he podido probarlo en primera persona, así que tendrás que contármelo tú.

Si esta herramienta te ha parecido atractiva y quieres toda la caja de herramientas necesaria para aprender a gestionar y vivir con tranquilidad los conflictos y peleas entre tus hijos, este mes puedes inscribirte en el curso Cómo gestionar las peleas entre hermanos.

Y, ahora, dime en los comentarios de abajo qué dificultades te estás encontrando a la hora de gestionar las peleas entre tus hijos.

Recuerda que para que tu hijo cambie su comportamiento, tú tienes que cambiar algo.

Te envío un cálido abrazo y nos vemos en el próximo episodio del podcast.

 

2 Comentarios

  • Susana Martos dice:

    Hola, mis hijos son pequeños y cuando se pelean se pegan. Normalmente empieza el pequeño, que tiene 2 años y mi hija mayor se lo devuelve porque quieren tener lo mismo, o se chinchan pero no se cómo hacerles entender, empatizar, y les cuesta pedirse perdón, sobre todo a la mayor, gracias por tus consejos.

    • Olga Marín dice:

      Hola Susana,
      La estrategia que explico en el episodio de hoy no es aplicable para niños tan pequeños, sino de 6 años en adelante. En el curso Cómo gestionar las peleas entre hermanos hay otras herramientas más adecuadas para niños pequeños. El trabajo es distinto.
      Un abrazo!

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