No eres responsable de la felicidad de tu hijo

Uno de los mayores errores que cometemos las mamás es creer que somos responsables de la felicidad de nuestros hijos.  ¿Qué haces cuando tu hijo no es feliz? ¿Cuando está enfadado, tiene una rabieta, está triste porque se ha peleado con un amigo o con su hermano, frustrado porque algo no le sale como quiere? ¿Piensas en la manera de protegerle, de solucionar su problema, de hacer que deje de sentirse “mal”? Si es así, quizás a día de hoy te sientas agotada, exhausta, resentida tal vez. “Pero, ¡claro que soy responsable de que mi hijo sea feliz! ¿Acaso no es ese el trabajo de toda mamá? ¿Hacer que su hijo sea feliz, lo más feliz posible? ¿Qué narices estás diciendo?” Si crees que me he vuelto loca, espera y sigue leyendo.

Te pongo un ejemplo habitual: Tu hijo no quiere irse a dormir cuando tú consideras (o no quiere hacer los deberes, o vestirse, o recoger sus juguetes, o comer, o dejar de ver la tele…) Le dices que es la hora de ir a dormir y no quiere. Si te sientes responsable de su bienestar, muy probablemente le respondas una de estas tres cosas:

  1. “Bueno, venga, un rato más…” (mamá que no puede sostener la rabieta que se le avecina)
  2. “¡Haz lo que quieras, me da igual! Como si no te quieres ir a dormir en toda la noche!” (mamá resentida y que se ha quedado sin recursos)
  3. “Te lo he pedido tres veces y no me has hecho caso. Mañana te quedas sin…” (mamá que explota de rabia y castiga porque no tiene ni idea de qué otra cosa puede hacer)

En cambio, si sabes de antemano que tu hijo muy posiblemente haga una rabieta, o se enfade porque le has puesto un límite que no le gusta, entonces seguramente no explotes cuando llegue ese momento. No te lo tomas como algo personal, tu hijo no te está fastidiando aposta. Si le dices, por ejemplo: “Es hora de que te vayas a dormir, ¿te ayudo a recoger los juguetes o lo haces tú solo?”

¿Y qué pasa si no los recoge y sigue jugando? Pues le dices: “Vale, veo que quieres que yo te ayude a recogerlos”. ¿Y qué pasa si cuando empiezas a recogerle los juguetes se enfada y/o estalla en una rabieta?

¿Qué haces si piensas que tú has provocado la rabieta, que tu hijo no está feliz y contento por culpa tuya? Pues que tienes que hacer algo para que lo esté. Pero si en lugar de eso entiendes que es normal que esté enfadado porque quiere seguir viendo la tele o jugando (¿¡cómo no iba a enfadarse por tener que dejar de hacer algo que le gusta!?), entonces te sentirás más tranquila y podrás afrontar su enfado. Podrás permitirle que esté enfadado y no tendrás que decirle por qué no debería enfadarse (que es lo que seguramente haces, ¿verdad? “Te lo he pedido ya tres veces, ¡no me escuchas!”).

Si no te responsabilizas de su enfado, podrás decirle: “Entiendo que estés enfadado. Tú querías seguir jugando/viendo la tele y yo te he dicho que había que ir a dormir”. ¿Qué estás haciendo al decir esto? Le estás transmitiendo que su sentimiento es normal y que lo entiendes. Es la única manera de que tu hijo pueda salir de su rabieta con dignidad.

Se trata, en resumen, de dejar que tu hijo tenga sus sentimientos sin tomártelos como algo personal, sin sentirte responsable de ellos para así poder ayudarle bien. ¿No te parece súper liberador?

Si crees que es responsabilidad tuya hacer que tu hijo sea feliz en todo momento, ¿de quién es la culpa cuando tu hijo está decepcionado, frustrado, enfadado, triste? Estás tan “simbiotizada” con su problema que los límites se desdibujan. No te permiten ver quién tiene el problema. Y entender quién tiene el problema en una situación de conflicto marca toda la diferencia.

  • El problema es de tu hijo cuando: se pelea con su hermano o un amigo; está preocupado por algo; se frustra porque algo no le sale como quiere, entre otras.
  • El problema es tuyo cuando: tu hijo no recoge sus juguetes/no se quiere ir a dormir, vestirse, lavarse los dientes, hacer los deberes (cualquier cosa que tenga que ver con rutinas). Sí, es tuyo porque él no tiene ningún problema con eso, lo tienes tú que quieres algo diferente, ¿me explico? (En Mamá Casi Diez trabajamos esto con más profundidad).

No puedes responsabilizarte de los problemas de tu hijo, del mismo modo que tu hijo no puede, por supuesto, responsabilizarse de los tuyos  (ni tu pareja, ni tus amigos, ni nadie). Cuando le dices a tu hijo: “Nunca escuchas nada de lo que te digo”, “¿Cuantas veces tengo que decirte…?”, lo que le estás diciendo en realidad es: “Tú eres responsable de mis sentimientos, de mi comportamiento” (O sea que si te castigo o te grito o me enfado es porque tú has hecho algo). ¿Es cierto que tu hijo hace que tú te enfades? ¡Ni hablar! Tú eliges enfadarte o no. Nadie te hacer sentir nada, nadie te hace gritar como una posesa, es una elección que tú haces.

Y ahora viene lo bueno: No eres responsable de los sentimientos, del comportamiento de tu hijo, pero por supuesto que eres 100% responsable de lo que dices y haces, de tus sentimientos, de tus problemas y de tu comportamiento.

¿Quiere todo esto decir que no eres responsable de tu hijo? ¡Por descontado que no! Tú eres responsable de darle una hogar, alimentarle, apoyarle, de ser comprensiva y empática con tu hijo, responsable de todo lo que haces y dices en relación con tu hijo. De eso sí que eres responsable.

Si eliges enfadarte con tu hijo, gritarle, hablarle de forma poco respetuosa, compararle con su hermano, ponerle etiquetas (vago, irresponsable…), es responsabilidad tuya. La consecuencia de tu comportamiento sea tal vez un hijo infeliz. Pero si sabes que tu responsabilidad es ser respetuosa con tu hijo, entonces tu hijo se sentirá respetado, comprendido, escuchado y sea tal vez un hijo feliz. O sea, que su felicidad es a menudo el resultado final de lo que tú dices y haces.

Para terminar, intenta mirar a tu hijo de este modo: cuando tu hijo se comporta de forma inaceptable para ti, tu hijo tiene un problema, no está siendo un problema. Si en lugar de intentar solucionar y rescatar, pruebas a ayudar y entender, tanto tu hijo como tú tendréis muchas más posibilidades de ser felices.

Me gustaría oírte ahora. ¿Te haces tan responsable de la felicidad de tu hijo que te sientes desbordada, resentida, agotada? ¿Te encuentras intentando solucionar, rescatar, eliminar sentimientos desagradables? ¿Te culpas por sus rabietas, por sus enfados? ¿Tienes alguna duda o pregunta?

Un cálido abrazo para ti y… ¡feliz Navidad!

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Diciembre 11, 2013

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montse - Diciembre 9, 2015

Tengo una niña de 5 y un niño de 7, con el niño me pongo al límite casi cada mañana. Preparo su uniforme, lo despierto a buena hora, pero es muy, muy lento al cambiarse, casi le pide permiso el brazo a la pierna para moverlo… Me es muy complicado a esa hora porque a los dos niños llevo al colegio y me dispongo para ir a trabajar… Hoy que encontré tus artículos me encuentro identificada en muchas cosas… Pero soy sincera, a veces la paciencia es muy poca y me siento mal, frustrada, estresada…y siento todas las responsabilidades en la espalda…

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Roser - Mayo 13, 2014

Bajo mi punto de vista, soy responsable de la felicidad de mi hijo, pero que uno tenga un mal día no significa que no sea feliz: qué asco sería la felicidad si dependiera de tan nimias contingencias!

Por mi experiencia, la felicidad es un mar de fondo, algo que te empapa hasta los huesos de modo que, aunque un día te sientas zozobrar, te mantiene segura de que al día siguiente (o el otro, o el otro, o el otro… tarde o temprano) saldrás de nuevo a flote. Y que mi hijo aprenda eso es responsabilidad mía y de su padre (mía sobretodo, porque soy una persona muy feliz desde hace muchos años y sé cómo se siente uno).

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Sonia - Diciembre 13, 2013

¡¡¡Me encanta haberte encontrado!!! Jijiji no paro de recomendarte.
Me sentía así cuando mi hijo tenía tan solo 2 años, estoy en el curso Mamá Casi Diez(que todavía no he terminado), pero lo que mas me ha ayudado es hablar con el sobre sus sentimientos. Tan solo tiene 2 años y es más fácil, pero tan solo cambiar mi actitud ha sido muy transformador en nuestra relación.
Como siempre, ¡muchas gracias! Feliz Navidad.

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Tarta - Diciembre 12, 2013

Gracias por el interesante artículo. Sin embargo disiento de la idea de un comentario de no tratarlos como a niños. Lo de tenerlos por personas lo sobreentiendo, pero precisamente porque niños son hay que hacer acopio extra de paciencia, porque aún no saben gestionar sus emociones, porque son transparentes y si algo no les gusta lo dicen claramente y no se aguantan (como hago yo como adulta que soy y porque claramente no me queda otra). A mí sólo me funciona relativizar y tratar de llevármelo a mi terreno. Y con frecuencia lo consigo, pero si algún día no lo consigo porque estoy harta, agotada, rabiosa, sola y grito y claramente soy injusta pidiendo a dos niños pequeños que se comporten como adultos, me ha servido de consuelo aprender a perdonarme y no mortificarme si meto la pata. Que yo soy mucho de mortificarme y de poco sirve.
Gracias una vez más Olga por tu sensata orientación.

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Marta - Diciembre 12, 2013

Mi comentario no aportará mucho, pero ahí lo dejo. Mi hijo nació enfadado. Es una realidad. Tiene 6 años y su capacidad de fustración es…nula. Es muy duro psicológicamente pensar que haces todo lo que está en tu mano para darle todo los gustos y más que nada tu tiempo y en el momento que toca decirle que no porque no queda otra opción (su hermana tiene fiebre y nos vamos a casa) toca el gran berrinche. Y cuando estás agotada, con dolor de cabeza, dos niños llorando en tu oreja, piensas… y a mí ¿quién me cuida? Qué duro que tiene que ser, ser cuidadora de un dependiente enfermo. Entonces pienso: ¡qué suerte que tengo dos hijos sanos! Bueno… ¡¡¡Feliz Navidad!!!

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    Olga Marín - Diciembre 12, 2013

    Marta,
    Claramente los niños tienen temperamentos diferentes, algunos más sensibles que otros. Hay que observar mucho y ver qué está pasando en él y en cómo nosotros respondemos. No es fácil. Mucho ánimo y, sobre todo, mucho cuidarse a una misma.
    Abrazos!

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Maite - Diciembre 12, 2013

Muy bien explicado, me encanta el punto de equilibrio que tienes y transmites. Este desdramatizar sin banalizar el ser madres. Gracias por el post, y ¡Feliz Navidad!
Olga, quería comentarte un tema que a lo mejor lo has tratado y se me ha pasado por alto. Los hijos de Alta Demanda. Creo que hasta lo empiezan a escribir con mayúsculas. Y me da miedo que empiecen a medicarlos de un momento a otro. ¿ Es una moda, una patología?

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    Olga Marín - Diciembre 12, 2013

    Maite,
    Tomo nota y hablo de ello en algún momento. ¡Gracias!
    un abrazo.

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Anna - Diciembre 11, 2013

No hay mejor experiencia de autoconocimiento y gestiones de las propias emociones que tener un hijo. Yo aprendo muchísimo cada día. Me costó al principio cambiar el chip porque he sido educada de una determinada manera y eso va conmigo, con lo bueno y lo malo. Me ha costado no gritar, no amenazar con castigos, serenarme antes cualquier rabieta o desafío… porque he intentado pensar qué haría yo en su situación y cómo me sentía yo cuando era pequeña. La empatía, muestras de afecto incluso cuando estás enfadada, relajarme… Uf! Me ha costado. Pero los resultados valen la pena.
Solo hay que fijarse en lo que una hace y lo que hacen los de alrededor para darse cuenta que los adultos hacemos lo mismo que hacen los niños, pero creemos que por ser adultos podemos permitírnoslo.
Creo que debemos tratarlos no como niños, sino simplemente como personas, y acompañarlos en su desarrollo. Ahora creo que mi hijo de 4 años se comporta mejor y gestiona mejor sus emociones que muchos adultos.

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Nahir - Diciembre 11, 2013

De verdad que es liberador leer lo que escribes, me suele pasar muchas veces que cedo o exploto. Necesito trabajar ese punto medio que es el más sano para ambas. Lo que no puedo manejar aún y no sé si debo o como es que mi hija no juegue, si es acompañada lo hace pero si es sola ni se molesta, está encima nuestro todo el tiempo. Tiene 6 años y sucede desde hace varios años y después de intentar de varias maneras exploto. Sé que no es lo correcto, pero me siento sin herramientas. No entiendo por qué no lo hace,
Saludos!

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    Olga Marín - Diciembre 12, 2013

    Todo lo que hacen los niños tiene una razón de ser, hay que abrir bien los ojos y observarles (y observarse!).

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Marta G - Diciembre 11, 2013

gracias! Me he visto reflejada y me has hecho pensar, ahora falta conseguirlo poco a poco. Fantásticas tus aclaraciones.

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Leticia - Diciembre 11, 2013

Sí a todas las preguntas.
Es taaaaan difícil todo!!
Cada vez que leo una de tus entradas, encuentro un montón de cosas que tengo que cambiar o mejorar, uf! y a veces se me olvida lo que he leído… pero bueno, aún así lo intento día a día, y mi hijo solo tiene dos años, así que me queda mucho camino por delante!
Y veo también otro problema: qué pasa con el resto de personas de su entorno con las que pasa casi más tiempo que conmigo (abuelos, etc) a las que no les puedo explicar que quiero que se comporten con el niño como tú expones? A veces hay un choque entre lo que yo hago y lo que hacen los demás, y no me puedo poner a dar órdenes a los demás de cómo quiero que traten a mi hijo…
Saludos y felices fiestas para tí también.

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    Olga Marín - Diciembre 11, 2013

    Jaja, de eso se trata, Leticia, de que vayamos poco a poco revisando nuestra manera de hacer y decidiendo qué nos interesa cambiar y qué mantener. A tu pregunta sobre la forma en que educan a tu hijo otros miembros de la familia, pues es muy difícil porque si no entienden tu forma de hacer y deciden hacerlo de otro modo, o no dejas a tu hijo a su cargo todo el día, o aceptas que ellos van a hacer lo mejor que saben, con sus limitaciones como todo el mundo.
    Abrazos!

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xenia - Diciembre 11, 2013

Muchas gracias Olga!! jeje

Yo más bién me refiero a que soy responsable de enseñarle a gestionar sus emociones, tanto las positivas como las negativas, a que tenga recursos, porque mido la felicidad, yo al menos, en función de los recursos que tiene uno para gestionar todo lo que le va aconteciendo en la vida, a la capacidad de poder expresar, gestionar, sostener y trascender los obstáculos o las enseñanzas de la vida…

Aunque a veces si durante una época se pasa todo el día enfadado por una cosa u otra, y todo le parece mal, si que tiendo a pensar que hay algo que no estoy haciendo bién, y que soy responsable de ello.

Es en las épocas en las que si dices si, se enfada, si dices no, se enfada, si no dices nada, también se enfada… esas épocas, que ya hemos tenido dos, que vienen y se van sin que yo sepa que ha pasado para que vengan y para que se vayan, si no es que son crisis de crecimiento, que me desbordan por completo y me hacen sentir que no sé qué pasa ni por dónde piso y me siento sin recursos y con un desgaste de energía brutal.
Porque yo intento escucharle, entenderle, hablarle y hacer una crianza respetuosa. Y cuando no estoy muy muy muy cansada puedo sostener las rabietas, aunque es algo que trabajo porque me cuesta mucho y que antes, así de primera me salía cortarlo… a veces aún me pasa… Pero sigo trabajando en ello para que él pueda sacar lo que le pasa por dentro, aunque no sepa explicarmelo o ni siquiera sepa lo que le pasa…

Es en las épocas en que si o si todo le parece mal, dónde me ofusco, me agoto, hasta me siento inútil como madre …
Pero bueno, voy descubriendo pistas de cosillas que tengo que aprender y trabajar, como la autoexigencia y otras cosillas que me ayudaste a ver en la sesión que hicimos.

Muchas, muchas, muchas gracias Olga!!
De hecho, quizá, el reconocer esas cosillas han hecho que hayamos pasado este segundo momento que todo esta mal si o si y ahora estemos mucho mejor 🙂

Un beso grande!!

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    Olga Marín - Diciembre 11, 2013

    ¡Como me alegro, Xènia, de que te sirviera la sesión!
    Un fuerte abrazo.

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