Mi hijo está triste. ¿Qué hago?

Hace unas semanas observé en el parque esta interacción entre una mamá y su hija pequeña. No sé exactamente qué pasó, pero, de repente, la niña se puso a llorar desconsoladamente y la mamá le dijo: “¿Por qué lloras? ¡Deja de llorar! Mira qué fea te pones cuando lloras”¿Te identificas como una mamá dispuesta a hacer lo que sea para quitarle a su hijo la tristeza de encima? ¿Para darle una solución? ¿Crees que tal vez sientas miedo ante la tristeza de tu hijo? ¿Rechazo, como la mamá del parque?

La tristeza y el enfado, o la rabia, son emociones bastante mal vistas y muy incómodas para casi todas las mamás. Se consideran emociones negativas, algo que hay que quitarse de encima lo antes posible.

Pero permitir que tu hijo aprenda a autorregular sus emociones, todas sus emociones, le beneficia enormemente y le ayuda a desarrollar inteligencia emocional. La tristeza y la rabia tienen que poder expresarse, de igual modo que se expresa la alegría o el miedo.

Deja que tu hijo llore “a moco tendido”, si es lo que necesita en un momento dado, aunque la causa que motive su tristeza te parezca simple; por ejemplo, haber perdido su juguete preferido.

Sin embargo, es imprescindible que tú tengas trabajada la aceptación de tu propia tristeza y que hayas aprendido a mostrarla delante de tu hijo. Eso te permitirá sostener la suya y te ayudará a no querer intervenir de inmediato.

Hace un año murió mi abuela, y lloré delante de mi hijo, que entonces tenía 3 años. El diálogo fue más o menos así:

-¿Por qué lloras, mama?

-Porque se ha muerto la abuela Juliana, y estoy muy triste. Pero dentro de un rato estaré más contenta. (Al cabo de unos minutos)

-¿Ya estás más contenta?

-No, todavía estoy muy triste. (Y así, hasta que, tras un ratito, dejé de llorar y le dije que ya estaba un poco más contenta).

8 cosas que recordar sobre la tristeza

  1. Si tu hijo es un bebé, atiende a su llanto siempre.
  2. Dale a tu hijo permiso para estar triste. Protégele de las risas de hermanos o familiares, que no sienta culpa o inadecuación por llorar.
  3. Muestra tu tristeza.
  4. Cuando tu hijo esté triste, averigua el motivo. Escúchale con empatía, sin aconsejar ni solucionar. Esto suele resultar bastante difícil. Pero, recuerda: sentirse escuchado de forma empática es el mayor regalo que le puedes dar a tu hijo.
  5. Si no quiere hablar, puedes decirle: “Pareces triste. Si quieres hablar, estoy aquí para escucharte”.
  6. Jamás riñas, ridiculices, te burles o le digas a tu hijo que ya es mayor para llorar.
  7. Ofrece ideas si las quiere, pero resiste la tentación de interferir antes de que tenga la oportunidad de buscar sus propias soluciones.
  8. En el caso de los adolescentes, es frecuente que no quieran hablar de lo que les sucede. Aun así, si crees que tu hijo está triste y no sabes por qué, pregúntale si puedes hacer algo por él, si quiere hablar, y recuérdale que estás ahí si más tarde quiere hacerlo. Aunque sea adolescente, sigue necesitando tu apoyo.

La psicóloga Jodie Benveniste afirma:

“Cuando los niños aprenden a identificar y a gestionar su tristeza, desarrollan inteligencia emocional. Esto les ayuda a no sentirse desbordados por sus emociones, a tomar perspectiva, y a digerir la emoción en lugar de ignorarla”.

Pero, ojo, si notas un cambio importante y que persiste durante varios días, puede tratarse de un problema mayor. Si sospechas que tu hijo está sufriendo por algún acontecimiento reciente (muerte de algún familiar cercano, separación de los progenitores, cambio de casa o de escuela, pérdida de amigos, enfermedad…) y no sabes cómo abordar su tristeza, puedes buscar ayuda profesional.

Si  tu hijo presenta alguno de estos síntomas, probablemente su tristeza tenga una causa más profunda:

  • Pérdida de concentración
  • Irritabilidad, enfado
  • Perdida de apetito o de peso
  • Cambio en la rutina del dormir, cansancio constante
  • Reclusión
  • Pérdida de interés en amigos o en actividades del tiempo libre

Y tú, ¿qué haces cuando ves triste a tu hijo? ¿Tienes alguna duda o pregunta? Te espero en los comentarios.

Un cálido abrazo y hasta el mes que viene.

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María - 22 junio, 2016

Hola. Acabo de encontrar tu página y me interesa mucho. Soy de Argentina. Tengo una nena de 2 años. Hace 6 meses falleció mi mamá y hace unos meses que mi nena no para de llorar, reclamar upa , no quiere que ni su papá ni yo nos alejemos ni medio metro y pregunta por su abueli. Yo ya hablé con ella. Monta unas rabietas impresionantes y no duerme bien. Cómo puedo ayudarla? GRacias

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Laura - 20 octubre, 2014

¡Hola a todas!
Gracias por el post. Justo esta tarde he notado a mi hijo serio y apático. Le he preguntado si algo iba mal de camino a la extraescolar, pero solo me ha dicho que quería entrar a música.
Al llegar a casa en el ascensor ya me ha contado que “su amigo no quiere jugar con él nunca más, pero le he pedido perdón muchas veces. Y en el patio no me dejaba construir la casa”… Sentados en el sofá mi hijo solo podía llorar, me daba una pena enorme.

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Iciar editora de cosasquesemerecenun10 - 20 octubre, 2014

Qué tema tan interesante y a la vez difícil tocas hoy!. Me ha dado mucho que pensar. Manejar la tristeza propia es difícil y aún más la de nuestros hijos pequeños. Mi hijo de 4 años tiene momentos de rabietas, de disgusto, pero aún no le he visto en un momento de tristeza más profunda como esa que describes. A ver si es que no me he dado cuenta… Voy a darle un poco más de atención a este tema que nos pones hoy sobre la mesa. Un abrazo!

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Laura - 20 octubre, 2014

Da mucha pena ver como se ridiculiza a los peques porque se considera que han llegado a una edad en la que ya no se llora…

Mil gracias por el post!

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Xenia - 20 octubre, 2014

Gracias Olga!
Me encanta como lo enfocas.

Mi peque también tiene ahora 4 años y este año está haciendo un cambio espectacular, abriéndose, participando más, lo noto más contento… Y creo que en parte se debe a que vamos todos trabajando y trabajandonos lo nuestro y lo de todos.

Cuando está triste, o enfadado siempre me siento en el suelo, a su lado e intento acercarme despacio y ofrecerle mi mirada y mi escucha. Normalmente me rechaza de entrada… pero le digo que si quiere estar solo yo puedo quedarme cerca para cuando me necesite… Siempre me parece que quiere y no quiere, y al final noto como suelta y afloja y se acerca como sin querer y deja que le coja y le acompañe en lo que sea…

Me cuesta más de gestionar la rabia o el enfado que la tristeza, sobretodo cuando yo estoy enfadada… pero en ello estamos 🙂

Un beso grande!
Xènia

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Sonia - 20 octubre, 2014

Muchas gracias! Muy interesante y nos ayuda a recordar que son personitas pequeñas con sus emociones. Gracias

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