Lo que toda mamá debería saber

Un bebé está sacando los libros de la estantería del salón y tirándolos por el suelo. La mamá lo mira enfadada y le dice: ¡Los libros no se tiran al suelo! ¡Te estás portando mal!

Un niño de 4 años llega al cole con mamá y al momento de despedirse se agarra a su pierna y le suplica que se quede con él; y cuando con las súplicas no consigue lo que quiere, empieza a gritar como un poseso. Ella, que se siente observada por Dios y su madre, le grita: ¡Tengo que irme a trabajar y tú quedarte en el cole! ¡Mira los otros niños! ¡Ninguno se está portando mal!

Recuerdo a la mamá de un niño que vino a terapia, y en la primera sesión de padres me dijo: “El otro día, mi hijo me levantó la mano queriendo pegarme, y me enfadé tanto (y te asustaste tanto, pensé yo, imaginándote escenas futuras de “Hermano Mayor” en tu propia casa,) que le castigué sin fiesta de cumpleaños. ¿Te parece un poco exagerado? Es que se portó muy mal Creo que ya sabía mi respuesta, pero como vi que podría encajar una broma le dije con una sonrisa: “¡Te has pasado tres mil pueblos! Tu hijo no se porta mal”. Se me quedó mirando boquiabierta.

No conozco a casi ninguna madre que no use la expresión “portarse bien, portarse mal”, u otra versión mucho más destructiva: “ser bueno/ser malo”.

Lo que toda mamá debería saber es que sus hijos no se portan mal.

Vamos a mirar el comportamiento de los niños desde otra perspectiva: la de satisfacer una necesidad. Volvamos a los dos primeros ejemplos.

El bebé está tirando los libros porque está explorando objetos nuevos, quiere ver qué pasa cuando tira algo, quiere tocar, morder; si la mamá puede verlo como que está intentado satisfacer su necesidad de explorar (que es lo que le toca por desarrollo), no necesitará decir: “te estás portando mal” y cabrearse como una mona. En lugar de eso, retirará al niño del lugar y le dará revistas viejas u otra cosa que llame su atención. O preparará el entorno para que su hijo no llegue a alcanzar objetos que ella no desea que se estropeen o se rompan.

El niño de 4 años no tiene ganas de ir al cole porque quedarse con su madre es mucho más importante para él; un niño pequeño necesita muchísimo contacto con sus padres. El niño está intentando satisfacer su necesidad de contacto, de no separación. Si en lugar de sentirse enfadada y avergonzada por la mirada ajena, hubiese bajado a la altura de su hijo, se hubiese quedado con él un poquito y le hubiera escuchado, habría podido luego decirle: “Te enfada/pone triste tener que quedarte en el cole porque preferirías estar conmigo. A mí también me gustaría. Cuando vuelva de trabajar, jugaremos a dinosaurios”. Esta es una manera de reconocer la necesidad de su hijo, al tiempo que le pone el límite necesario dadas las circunstancias.

Me imagino que estarás pensando: Sí, vale, muy bien, pero su comportamiento, especialmente el del niño de 4 años, no está bien, no es aceptable. Sobre todo, cuando afecta a terceras personas, como si mi hijo pega a otro niño o a sus padres o hermanos, o no quiere compartir nada, o no hace lo que quiero que haga en un momento dado.

Repito lo que he dicho antes. Tu hijo hace lo que hace porque está intentando satisfacer una necesidad. Pero eso no significa ni que se esté portando mal, ni que te quiera manipular, ni que lo haga para fastidiarte, ni, por supuesto, que sea un niño malo.

Y no se trata de una simple cuestión de palabras, no es una sutileza, porque las palabras son muy potentes. ¿Puedes ver el cambio en tu reacción si en lugar de pensar que tu hijo “va a por ti” piensas que está intentando satisfacer una necesidad?

Si las mamás aprendiéramos maneras eficaces de que nuestros hijos también respeten nuestras necesidades, otro gallo nos cantaría, ¿verdad? En lugar de castigarle, de enviarle al rincón de pensar, de gritarle, pegarle o amenazarle, busca maneras más sanas de que los dos ganéis y ninguno pierda. Tu hijo te lo agradecerá toda la vida.

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Natalia - 11 octubre, 2016

A mi me resulta casi imposible no decirle q se porta mal por que lo hace… me lleva la contraria, nunca me hace caso, repite los mismos comportamientos dia tras dia. Yo le amo le repito continuamente q aun enfadada le amo… pero el consigue sacar lo peor de mi. Estamos solos, y me veo muchas veces desbordada…. la teoria me la se…. pero soy incapaz de desarrollarla.

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Luz - 27 septiembre, 2016

Bueno yo estoy bastante perdida con mi niña de 2 años recien cumplidos, soy maestra de infantil pero ni mis años de experiencia ni mi paciencia me ayudan con Marìa, ella tira los cuentos una y otra vez….me bajo a su altura y le explico, distraigo su atención con otra cosa….q va con ella ne rindo está siendo muy dificil para papi, para mi y para su hermana de 10 años. Seguirè leyéndote y poniendolo en práctica.

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Nur Banu - 2 junio, 2016

Olga, tus palabras parecen llegar siempre justo a tiempo.
Tengo una hija de tres años y medio y en tres años siempre traté de ponerme en su lugar y, como vos decís, entender su necesidad. La verdad es que sentía que tenía paciencia y por lo general tiempo suficiente para darle espacio a ella a reaccionar y tomar las decisiones. se puede decir que teníamos una convivencia muy armónica. Pero hace un mes y medio que nació su hermana y desde entonces titulo mi vida “el lugar dónde viven los monstruos”. Siento que haga lo que haga con ella lo hago todo mal porque siempre terminamos en drama, mi paciencia se esfumó y ella me saca de mis casillas con apenas moverse… está siendo muy difícil y yo estoy usando todas las frases que juré no usaría una detrás de otra. El portarse bien o mal se ha instalado en nuestra rutina… y eso me entristece sobremanera. Hace dos semanas le dije que yo no quería gritar más (nunca se ha gritado en mi casa) y hablamos sobre ello y parece que lo estamos consiguiendo, pero no gritar no significa que no nos enfademos… casi constantemente. Ella, además, ha comenzado a pegarnos y arañarnos y aunque no toleramos esa actitud y cambiamos la onda enseguida ella vuelve a pegar y arañar cuando se descontrola… y a mi no se me ocurre como ponerle límites sin castigarle… cosa que aun no he hecho, aunque sí caigo en la amenaza…
En fin, todo un desastre, pero tus palabras siempre me ayudan a recordar algo fundamental, que no es una guerra de ella hacia ti. Gracias por aparecer cuando pienso que todo está perdido.

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    Olga Marín - 2 junio, 2016

    Me alegro que te sirva lo que escribo, Nur. Esa etapa de celos es muy dura para casi todas las mamás, estate atenta porque estoy preparando un material que te podrá interesar sobre las relaciones entre hermanos.
    Un abrazo!

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marian - 27 mayo, 2016

Pues yo a la hora de que hagan algo inadecuado como los ejemplos la verdad es que soy muy empática y no etiqueto pero es verdad que para conseguir que hagan las cosas (recoger,vestirse, etc…) si que uso mucho lo de “muy bien, te has portado fenomenal”, no suelo usar el mal pero si el bien y eso creo que también es contraproducente.
Intentaré no aplicarlo.

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Irene - 26 mayo, 2016

Me ha gustado el post y sí que intento llevar a la práctica lo que comentas, pero uno de los problemas es la falta de tiempo. A mi hijo pequeño le pasaba mucho lo de no querer que me fuese de su lado al llegar a cole. Me sentaba con él, le decía que después lo recogería su padre y que yo lo vería para cenar y leer el cuento…pero esa despedida se hacía la mayoría de las veces interminable y yo acababa estresada y nerviosa porque llegaba tarde a trabajar…y él sin acabar de entender que “prefiriese” ir a trabajar en vez de quedarme con él…

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Tarta - 26 mayo, 2016

El agotamiento me hace estar seria, no enfadada, simplemente agotada y con cero ganas de festividades a la hora de la cena. Y mis hijos me dicen que soy una gruñona, que siempre estoy enfadada. Y puede que esté enfadada porque o tengo que repetir las cosas diez veces o tengo que hacerlo yo, y al final se me acaba la energía. Si no quiero explotar y gritar y decir eso de “qué mal os portáis”, más que nada para desahogarme creo yo, porque no sirve para absolutamente nada más, me quedo seria y sin ganas de hablar, y entonces soy una gruñona. Entonces las opciones son: o gritona o gruñona. Y en el fondo lo que estoy es muy cansada. No sé si este comentario aporta algo al debate 🙂

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    Olga Marín - 26 mayo, 2016

    Veo que la cosa se debate entre dos “G”, ¡gritona o gruñona! Jajaja. Ahí creo que tienes un problemilla con los límites (los tuyos), que te los pases y te cabreas, más que nada contigo misma al final, aunque entiendo que también con ellos.

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Ana P. - 26 mayo, 2016

Yo creo que soy de las que usan muy muy poco, de verdad, lo de portarse bien o mal y las etiquetas. Voy con mucho cuidado con lo que le digo y cómo se lo digo porque aunque aun es chiquitín se que la mayoría de los grandes aprendizajes de la vida se hacen la infancia. Mi gran irritación y me cuesta manejarlo es mi familia política: educación chantajista, etiquetas y comparaciones por doquier “qué malo eres, qué mal te portas, tu primo no hace eso, si no haces X entonces ya no te voy a querer, si haces eso viene papa a pegarte, no hagas eso, lo vas a romper”. Es exasperante, irritante, extenuante. La contrapartida “no, no eres malo, eres muy bueno, no te preocupes que la abuela te va a querer igual, no, papa no va a pegarte porque papa no pega, etc etc”.. Agotada, me cuesta mucho no enfadarme con ellos, tener ganas de verlos y aunque suene horrible, respetarlos..

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    Olga Marín - 26 mayo, 2016

    Muy comprensible, Ana, pero haces muy bien. ¡Ánimo!

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Ana - 26 mayo, 2016

Creo que es algo que hacemos de manera inconsciente, está tan impreso en nuestra cultura que me da rabia cuando sin darme cuenta usamos en casa eso de “como te has portado bien…”, “no te portes mal…”.
Hace unas semanas me quedé patitiesa cuando mi hijo de 4 años y medio me contó al salir del cole que dos niñas de su clase se habían portado mal. Cuando le pregunté qué habían hecho me contestó: “Es que han escrito mal la G”. Obviamente le dije que eso no era portarse mal, que se habían equivocado porque están aprendiendo. Desde ese momento ando con muchísimo ojo.

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    Olga Marín - 26 mayo, 2016

    Es bueno tomar conciencia de cómo los niños modelan nuestro lenguaje también, para andarnos con cuidado. Un abrazo!

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