Cuando tu hijo te pone al límite

¡No quiero ponerme el abrigo! ¡No tengo frío!” Tu hijo se tira al suelo y empieza a patalear. En menos de un segundo, te encuentras deseando que se calle, que te obedezca de una vez, deseando pegarle un grito. Y se lo pegas. “¡Ahora te quedas sin salir al parque hasta que yo lo diga, así aprenderás!”. (¿Qué clase de bruja soy, piensas, y qué me ha pasado?). Eres una mamá normal, amorosa y equilibrada a la que su hijo acaba de poner al límite.

Nadie te pone tanto al límite como tu hijo. En una situación de conflicto, abres la boca con la intención de que corrija su comportamiento y, en lugar de eso, te salen palabras que no deseas decir, amenazas que no sirven, tonos de voz a los que tu hijo hace oídos sordos. Tu reacción es automática. Tu hijo no aprende nada de la situación. Tus buenas intenciones se van al garete.

Al día siguiente, te levantas y te prometes que hoy lo harás diferente, mejor, pero tu hijo vuelve a ponerte al límite, una y otra vez, y tú vuelves a perder el control, una y otra vez. ¡Felicidades! Estas situaciones son las mejores maestras que tendrás en tu vida como mamá. En tu vida.

Tu hijo te pone al límite cuando…

  • Reaccionas de maneras que no te gustan y culpas de ello a tu hijo.
  • Te sientes enfadada, furiosa, resentida, culpable en una situación de conflicto con tu hijo.
  • Lamentas tu reacción y sabes que no funciona.
  • Cuando hay un conflicto con tu hijo siempre quieres ganar, que te obedezca.

Para ser una mamá eficaz necesitas…

  1. Conectar con tu hijo
  2. Entender qué te está diciendo con su comportamiento
  3. Responder desde la aceptación, la empatía y los límites amorosos
  4. Tener expectativas adecuadas
  5. Darle el apoyo que necesita.

Pero para llegar a todo eso, primero y ante todo tienes que saber qué te pone al límite, qué te saca de quicio (no es tan obvio como parece) y aprender a desactivar esa bomba de relojería que son tus reacciones automáticas (tus gritos, tus enfados, tus castigos…).

Si reaccionas de forma automática e irracional, no puedes esperar que tu hijo se comporte de modo racional y cooperador. En tus manos está reaccionar a situaciones que rápidamente escalen en un conflicto con el tono y la actitud adecuados. Tu hijo no puede tomar las riendas de una situación y determinar qué dirección va a tomar, tenga 3 ó 15 años.

En ti está elegir si reaccionas de forma automática o si respondes con consciencia. A la mayoría de nosotras no nos han enseñado a realizar esta distinción. Pero podemos aprender. 

Estate atenta a mi propuesta de taller. Si eres suscriptora, recibirás un mail dentro de unos días. Y si no estás apuntada a Mamá Om, hazlo ahora para no perderte detalle.

Ahora te toca a ti. Cuando tu hijo te pone al límite, ¿cómo reaccionas? ¿Qué te gustaría poder hacer en esas situaciones?

Un abrazo y hasta la próxima.

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Roser - 13 mayo, 2014

En casa es que tenemos otra manera de funcionar: si no quiere irse a dormir, pues que no vaya (al fin y al cabo, siempre acaba cayendo rendido a la misma hora que nosotros); si no quiere comer, siempre nos queda la teta (nunca le dice que no a una buena teta ^_^); si no quiere abrigarse, pues nos llevamos la chaqueta para cuando cambie de opinión.

Nos consideramos muy flexibles en esas chorradas, aunque luego seamos intransigentes en otras cosas (no se comen plantas de las macetas, porque hay plantas domésticas que son tóxicas; no se tiran al suelo las tablets, porque se rompen y cuestan mucho dinero; ahora que empieza a andar habrá que enseñarle dónde están los límites de la acera…).

Bajo mi punto de vista, para que tu hijo no te ponga al límite tienes que tener los (pocos) límites muy allá.

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Marina Rodriguez - 1 abril, 2014

Muy cierto lo que dices. Mi hija tiene 19 meses y recuerdo hasta hace poco ¡sus rabietas! No quería que la atase a la sillita del coche, no quería que le cambiara el pañal, si estaba en la calle, la cogía y aún tiesa como un palo llorando…uuffff me sacaba de quicio. Eso sí, me prometí a mi misma que no sacaría a la dragona de dentro y no le pegaría, porque sí que sabía que eso solo iba a empeorar las cosas. Así que lo que hacía era respirar profundamente mientras intentaba controlar la situación. Hasta que mi cuenta que lo que lo que le pasaba es que eran “horas conflictivas”, es decir, que tenía sueño y llegaba su hora de comer. Así que cuando entendí esto, y después de leer cientos de artículos online y de pedir consejo a mi familia y amigas mamás, supe cómo modificar mi horario para no provocar estas rabietas. También aprendí que si hay situaciones externas que me molestan, esto también influirá mi paciencia hacia ella.

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sonia - 1 abril, 2014

Hace poco le dije a una amiga que cuando los niños usan estos comportamientos es porque buscan nuestros límites, es necesario, pero claro no solo es eso, también en como los aplicamos. Tengo un hijo de 3 años, muchas veces tiene muy claro qué quiere y qué no, ¡y con la ropa es una cruz! Hoy mismo: esta no, la azul, llorando!!!!….Le he explicado por qué le ponía la roja, y como no lo entendía o no quería, he ido a hacer mis cosas, básicamente porque teníamos que irnos, ha venido hasta donde estaba llorando la azul, la azul….y le he notado una carita de sueño, lo he cogido en brazos, le he dado un beso y todo se fue….sin más, él mismo me ha dicho: la azul para el patio. Cada mañana tenemos un pequeño encontronazo, es suave, pero ahí esta, sé que algo quiere decirme, porque han cambiado cosas en mi vida, y estoy adaptándome a todo, y mi niño lo nota, evidentemente.
Como siempre gracias por el post!! Que tengáis un buen día!

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